Me llegan estas convocatorias para
los próximos días.
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LUNES 28 DE ABRIL:
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LUNES 28 DE ABRIL:
Estimados compañeros, as: Os dejo aquí la liturgia del próximo domingo 27 de abril, 2º Domingo de Pascua, para quienes les interese.
MOCEOP (Movimiento por el celibato opcional) acaba de difundir un Comunicado con motivo del fallecimiento del Papa Francisco.
Aquí os lo dejo para su lectura y difusión.
Saludos cordiales: Juan
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COMUNICADO
El Papa Francisco ha muerto. Tras el último ingreso
hospitalario, y aunque hasta el último momento ha estado
activo y con voluntad de seguir, descansa en paz.
Lo ha dado todo.
El Papa Francisco ha sido un regalo del Espíritu a la Iglesia
y al mundo, una primavera de esperanza.
Qué lástima las resistencias de los sectores eclesiásticos
más clericales, y qué pena la indiferencia de los poderes del
mundo al que podía haber sido un líder ético para otro
mundo posible, más allá de confrontaciones políticas
y por una paz basada en la justicia.
Qué difícil resulta ser profeta desde una estructura de poder.
Nos queda en la memoria su testimonio personal
de sencillez y cercanía, y sus mensajes de renovación
evangélica de la Iglesia frente a la lacra del clericalismo
y de esperanza para el mundo, especialmente para las
periferias existenciales, las personas y sectores más marginados.
Nos quedan sus gestos proféticos con las personas migrantes,
con las personas sufrientes por el genocidio de Gaza
y la guerra de Ucrania, sus 47 viajes como mensajero de paz
y de diálogo intercultural e interreligioso; su denuncia
de un sistema capitalista injusto y una economía que mata.
Por todo ello, con el dolor por su pérdida, nos queda
un sentimiento de gratitud por su vida y su ministerio
y un reto de responsabilidad de seguir su estela.
“La alegría del Evangelio” debería ser un mensaje de esperanza
para el mundo y de vivencia de quienes queremos seguir al
Nazareno. Si el mundo entero y los poderes fácticos escucharan
el mensaje de la “Laudato Si” y el clamor de la Tierra y de los
pobres que van unidos, la Hermana Madre Tierra sería una
Casa Común más habitable. Y si la humanidad escuchara
su carta “Fratelli Tutti” de paz, amabilidad y solidaridad,
podría ser la Gran Familia Humana sin exclusiones
ni descartes, en paz, acogedora y amable.
Ojalá la Iglesia pueda seguir sin él el “proceso sinodal”
inacabado y entorpecido, de hacerse una Comunidad
igualitaria, servicial y liberadora.
Nos queda el reto de los procesos que él abrió y animó a seguir;
y de los que no abrió del todo o él mismo frenó. Nos toca a
toda la Comunidad ser Iglesia sinodal, cumplir su sueño de
una Iglesia pobre y de los pobres, hospital de campaña y casa de
todos todos todos y de todas.
Moceop asume el legado de lo que queda pendiente
sin Francisco: esa reforma integral de la estructura eclesial
en la que las mujeres tengan la plena igualdad, retos que
Francisco no supo o quiso cumplir.
No lo hemos esperado todo de Francisco, ni lo esperamos todo
del Papa que venga tras él, pero sí esperamos y necesitamos
que sea Pastor del evangelio y alargue el camino emprendido
por Francisco, para llegar a la iglesia igualitaria,
fraterno-sororal y liberadora.
Nos toca a toda la comunidad eclesial escuchar al Espíritu
que nos regaló a Francisco y que seguirá inspirando nuevos
caminos.
La Pascua de Resurrección nos anima a esa esperanza.
MOCEOP 22 de Abril de 2025
Como una tormenta de verano, la noticia ha irrumpido en nuestras vidas: rápida, inesperada, conmovedora. “Ha muerto el Papa” —se repite en el bar, en el autobús, en la calle.
Las redes sociales, los correos, los grupos de WhatsApp bullen con la misma frase, como si el mundo entero hubiera contenido la respiración.
Desde Redes Cristianas, nos unimos a esa conmoción con un corazón sentido y, al mismo tiempo, agradecido. Tristes por la pérdida de una figura profundamente humana; gozosos por la esperanza que sembró en medio de esta Iglesia y este mundo fragmentado.
Ha partido un hombre que, sin dejar de ser frágil y limitado, supo abrir rendijas importantes en los muros de la Iglesia. Un hombre que no se proclamó dueño de la verdad, sino peregrino en la búsqueda; que cambió el trono por la silla del encuentro; que prefirió los gestos al boato; que abrazó a los descartados como si abrazara al mismo Cristo.
Francisco —como eligió llamarse, en un guiño profético al poverello de Asís— deja tras de sí una estela de palabras y signos profundamente evangélicos. Nos regaló textos memorables que marcarán un antes y un después en el pensamiento eclesial y social.
En Evangelii Gaudium nos llamó a una Iglesia “en salida”, que no tenga miedo de ensuciarse en las periferias. Con Laudato Si’ elevó la ecología a categoría espiritual, denunciando con fuerza profética el modelo económico que devasta la tierra y descarta a los pobres. En Fratelli Tutti puso sobre la mesa la fraternidad universal como camino de paz frente a los muros del odio y del nacionalismo. Y con Amoris Laetitia se atrevió a mirar con ternura la complejidad de las relaciones humanas, proponiendo una moral del acompañamiento, más que del juicio.
Francisco no lo cambió todo. No pudo, o no quiso. Su acercamiento a las mujeres en la Iglesia fue tímido, y muchas reformas estructurales quedaron pendientes. Pero sembró preguntas, removió conciencias, reabrió caminos.
Sus silencios frente a ciertas tensiones internas despertaron incomprensiones. Pero también fue firme frente a los abusos, implacable con el clericalismo, y valiente al afrontar una reforma de la Curia que otros solo soñaron.
Nos queda su estilo pastoral, cercano, directo, profundamente humano. Y nos queda su testimonio de vida: un pastor que no se retiró del mundo, sino que lo abrazó; que no impuso, sino que propuso; que no condenó, sino que acogió.
Hoy, desde Redes Cristianas, sentimos su partida, con el alma llena de agradecimiento y esperanza.
Sabemos que su pontificado será evaluado con el tiempo, con la serenidad que permite ver los frutos más allá de las apariencias. Pero hoy, simplemente, damos gracias a Dios por su vida, por su palabra, por su coraje evangélico.
Y, como él tantas veces dijo, oramos: «Recen por mí».