En la lectura del Evangelio de S. Juan (20,1-9), María Magdalena, al amanecer, va al sepulcro y encuentra quitada la losa. Creen que se han llevado a Jesús. va corriendo a comunicárselo a los discípulos y Pedro y Juan van corriendo hasta allá y comprueban que el cuerpo de Jesús no está. Dice que al final creyeron y comprendieron que Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Hay que decir que creer en la Resurrección es por la fe, no por comprobación científica porque nadie pudo ser testigo de ello.
Lo que no cabe duda es que Cristo resucitado infunde en aquella comunidad de discípulos y discípulas un ánimo encendido. Aquellos discípulos de Emaús que iban tristes y desanimados con la presencia de Jesús al que reconocen en la fracción del pan, vuelven a encender su corazón y van de nuevo a reunirse con los discípulos. Tomás que no cree, terminará creyendo y desde ese momento y especialmente después, con la fuerza del Espíritu en Pentecostés , aquella comunidad irá creciendo...
Hay que decir que es María Magdalena, una mujer, la primera testigo de la Resurrección. otros evangelistas también hablan de otras mujeres que la acompañaron (algo que parece más normal que no ir sóla), como María de Magdala, Juana, María, madre de Santiago y las demás mujeres. Es decir las mujeres son las grandes protagonistas de la Resurrección de Jesús.
Si esto fue así ¿qué sentido tiene que hoy la mujer en la Iglesia tenga tan poco protagonismo y que esté relegada a tareas menores? La mujer debe tener el protagonismo que tuvieron en las primeras comunidades cristianas donde presidían las eucaristías en las casas y eran diáconas, presbíteras y epíscopas. Hay antiguas inscripciones donde dice "Theodora episcopa". La mujer debe tener en la Iglesia las mismas funciones que tienen los hombres. Por eso hay que apoyar a movimientos como La Revuelta de mujeres en la Iglesia y otros.
Cierto que con Francisco empezó tímidamente a nombrar a mujeres para cargos de cierta importancia, pero son medidas muy cortas para todo lo que queda por hacer.
La Resurrección debe darnos a los cristianos un gran sentido de esperanza. Si Jesús, siendo fiel a su Padre, pudo vencer al mal y a la muerte, también nosotros podemos y debemos luchar para vencer al mal en el Mundo.
Un Mundo hoy marcado por los países que tienen más armamento en el Mundo y que provocan guerras, genocidios, cientos de miles de muertos y de heridos, desplazados forzosos, hambre, desigualdades e injusticia porque impera el interés económico de los más fuertes.
Es esperanzador ver cómo mas de 8 millones de estadounidenses se han manifestado recientemente de EEUU contra la guerra de Irán, cómo se ha movilizado el Mundo contra el genocidio en Palestina, especialmente en la zona de Gaza y cómo, gracias a la organización de innumerables colectivos, en España nos seguimos movilizando contra las guerras y contra otros males que nos rodean: una sanidad pública que se la están cargando, igual la enseñanza pública, los servicios sociales que deben proteger con eficacia a los más vulnerables: a los sin techo, a los inmigrantes, a los desahuciados y con problemas serios de vivienda, por los derechos laborales, los derechos de las mujeres etc...
Todo ésto para mí es vivir el espíritu de la Resurrección: luchar por las mismas causas que Jesús luchó: construir un Mundo de paz, un Mundo donde todos podamos sentirnos iguales, como hermanos, donde se elimine toda discriminación, donde se alivie el sufrimiento de la gente, donde nuestros preferidos sean los pobres, las personas sencillas, los más vulnerables, donde se respete a la Madre naturaleza... Que fomentemos la paz, la justicia, la fraternidad, el apoyo mutuo, la solidaridad con quienes menos tienen.
Si de verdad el mensaje de la Resurrección nos dice algo, debe ser para seguir los pasos de Jesús. Por eso los creyentes debemos ser grandes utópicos, soñadores, pero para intentar hacer todo esto realidad, unidos con tantas y tantas personas que hoy dan testimonio en todo el Mundo en la defensa de un sistema económico y socio-político más justo e igualitario para todos, sobre todo para quienes menos tienen.
No podemos seguir tolerando un sistema que crea tantas desigualdades e injusticias. Es posible. Debemos seguir trabajando por ello y sobre todo que seamos constructores de paz a todos los niveles: en las relaciones con amigos, vecinos, familia y a nivel estructural luchando todos unidos por un Mundo en Paz.
Si Cristo venció al mal y a la muerte, nosotros también.















































