Merece la pena leer íntegro el Mensaje del Papa con motivo de la 112 Jornada Mundial del migrante y Refugiado.
Es un mensaje que nos debe interpelar a toda la sociedad: a las comunidades cristianas, obispos, sacerdotes, seglares, pero de un modo muy especial a aquellos partidos políticos que se dan de muy cristianos y sus dirigentes presumen de serlo, asistiendo en lugares destacados a celebraciones religiosas.
Esos mismos dirigentes que, ante la situación humanitaria terrible creada en Ceuta con no menos de 4.000 menores, que deambulan sin poder ser atendidos por unos servicios sociales absolutamente desbordados, se niegan a asistir a reuniones donde hay que coordinar para que esos menores sean trasladados a las diferentes comunidades autónomas.
Esos dirigentes tan cristianos que se niegan a acogerlos y no les importa que los menores pasen días y días deambulando por Ceuta como fantasmas, sin comida, sin sitio para descansar y dormir como merecen, sin atención higiénica ni sanitaria para todos porque es imposible.....
Lean despacio el mensaje del Papa. Y si ya aplaudieron durante 7 minutos su discurso en el Congreso significando que estaban de acuerdo, actúen en consecuencia.
Y si se niegan a hacerlo, no presuman más de ser cristianos.
No se puede poner una vela a Dios y otra al Diablo.
Un cordial saludo: Juan
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“Incluso uno solo de estos pequeños” es el tema del Mensaje del Papa León XIV para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2026 (JMMR), que se celebrará el domingo 27 de septiembre, último domingo del mes.
En su Mensaje, el Santo Padre dirige la atención a la realidad de los numerosos menores que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de las guerras, la pobreza, la violencia, los desastres ambientales y otras tragedias; un número que continúa aumentando de manera dramática. En el contexto de los flujos migratorios, los más vulnerables son precisamente los niños, las niñas y los adolescentes.
Además de verse obligados a desplazarse y a dejar su hogar, padecen el sufrimiento de perder a sus padres y seres queridos, la violencia, la angustia de la distancia y la separación provocada por las repatriaciones. Incluso los jóvenes que realizan el viaje junto a sus padres están expuestos a condiciones extremas y traumáticas.
El Santo Padre recuerda que son muchos los menores que pierden la vida a lo largo de las rutas migratorias o que se convierten en víctimas de la trata de personas, la explotación, la violencia sexual y otras atrocidades.
En su Mensaje, el Papa León XIV hace un llamado a la responsabilidad de todos, pidiendo que cada persona se sienta implicada en la vida de estos niños y jóvenes; aunque sea uno solo, porque cada niño y cada ser humano posee una dignidad infinita que debe ser respetada. En el ámbito personal, eclesial e institucional, el Santo Padre invita a asumir un compromiso concreto para integrar y valorar a los jóvenes migrantes y refugiados, poniendo en el centro la protección y la dignidad de cada niño, niña y adolescente.
El Papa León destaca la luz de la solidaridad que ya se hace visible en diversas comunidades: la de quienes han decidido no mirar hacia otro lado, la de quienes han abierto las puertas de sus hogares y la de los numerosos voluntarios y agentes que, cada día, curan las heridas invisibles de los pequeños migrantes, dando testimonio de que el amor puede vencer la indiferencia.
El Santo Padre recuerda que todos estamos llamados a realizar un acto de humanidad y de fe: en cada niño podemos acoger y encontrar al Señor. “El que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe” (Mt 18,5). Aunque sea uno solo: no se trata de cifras ni de estadísticas. El Evangelio nos invita a no hacer cálculos; cada ser humano es imagen y semejanza de Dios y presencia del Señor.
Al pedir la intercesión de María, el Santo Padre encomienda a todos los niños migrantes y refugiados a su protección maternal y expresa el deseo de que nuestras comunidades se conviertan en signos vivos y creíbles del Evangelio.



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